Poema de jose santos Chocano

 


¡Romancero Ilamado: El niño Piurano!


Voy a cantarte, moza, 

Porque tienes unos ojos 

Tan bonitos como un Sol, 

Dame, amada, tus despojos.


Tu frente blanca y nevada 

Juventud emanas ¡vates!, 

Marfil que ciega, ¡turquesas! 

Arcoiris más que ricate.


Por eso, moza si quieres 

Triunfar de la idolatría, 

Tendrás que enseñarme el talle 

De tu cintura más linda.


A tus pies un corazón 

Tiende con mano abierta, 

Dame, amada, tu quimera 

Y quita de mi dirección.


Haz, moza, lo que quieras; 

Prueba de tu majestad 

Lo que es el oro, el arte 

Y si quieres, la verdad.


Porque yo cantando, canto 

Lo que el mundo se merece - 

Mi pluma misma maldice, 

Si mi canto no anhela.


Pues si el rey y si el poeta 

Nobles cuantos has traído, 

De novio, más de tente en el suelo 

Yo por ti, triste he caído.


Si el entorno tuyo 

De oro, plata, porcelana, 

Aparato de la corte 

Con millones de riqueza.


¿Qué me importa, oh forsado?, 

Los bandos del decreto, 

Si mi pena me destierra 

A perpetuo desarraigo?


Porque yo poeta soy, 

Y a veces bendito digo, 

Y a veces también maldito, 

Porque al humano persigo.


Digo a veces en mi raza - 

Cuando la ventura es lenta - 

A tu sombra mañanera 

Mi Dios un día se aleja.


Y quiero olvidar, soñando 

El golfo de los amores, 

Es tan grande mi deseo 

Que logre sus mil favores.


Y torno en uno el pasado 

El futuro y el presente; 

Y cuando quiero del cielo 

Tomar por armario la muerte;


Una llama prodigiosa 

Sale de la cumbre extinta, 

Y aletea mis victorias 

Del amor la antigua tinta.


Cuando quiero conquistarte 

¡En tanto para encarcelarte! 

Ya plasmescovi del cielo 

Ya pena de demonio.


Cuando la verdad te dije 

Hasta el fin me maldeciste; 

Dijiste que era maldito 

El de la ley en la China.


Mas tu despego splendido 

Despliega un dorado velo, 

Y en tanto infinito riego 

Probare de tu día tierno.


Si hay un poco de justicia 

Yo seré tu dueño no más 

Y aunque en su inefable venia 

El destino nos separe;


Aunque en su inexplicable impreso 

Los suellos de sus trasiegos 

Termínenme de llevar 

Por sus inmensos senderos;


Aunque mi alma sublimada 

Triste cambie de formal, 

Para tanto Dios; se emplea 

La resignación más blanca.


Y o sé, en nuestros cabellos 

Unidos por el verdor, 

LA AMISTAD, EL ALAZO 

DESDE QUE ÉRAMOS NACIÓN

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Biografía de José santos chocano

Libro de José santos Chocano

Datos curiosos sobre José santos Chocano